20 marzo 2020 · En los medios

La churrería de barrio que es furor en Twitter y crece en sucursales

Mucho antes de que el término “marketing” llegara a los manuales argentinos, cuando una acción de este tipo era simplemente “hacerse el distinto”, la churrería El Topo sorprendió a sus clientes con el cartel de su vidriera: desde 1968, año en el que se colocó, tiene la palabra “churros” al revés.

Hoy, atrae clientes por otra vidriera: las redes sociales, donde la cuenta @churreriaeltopo en Twitter responde mensajes a españoles que reclaman derechos de autor por los churros, a usuarios que se quejan de los productos veganos y a comediantes que critican los rellenos de roquefort, uno de los más tradicionales de la compañía.

Detrás de la cuenta que ya tiene más de 25.000 seguidores está Juan Navarro, segunda generación de la compañía familiar creada hace más de 50 años. Su padre, Hugo, y su tío, Cacho, abrieron una churrería en el barrio porteño de Belgrano.

Los vecinos se quejaban del olor, así que decidieron cerrar ese local en Amenábar y Juramento y trasladarlo a la Costa Atlántica. Aún no existía la tradición de comer churros en la playa cuando cae el sol, y mucho menos los vendedores ambulantes del producto, relata Juan Navarro, hijo de Hugo, y encargado de sucursales en la Costa y en Capital.

La tienda de Villa Gesell abrió en el verano de 1968 y un año después sumaron una segunda sucursal en Necochea. “Había que evangelizar respecto del consumo de churros, y para eso pusieron el cartel al revés, como una estrategia de comercialización”, explica.

También se ayudaban con un Fiat 600. En ese auto hacían los repartos a los panaderos de Villa Gesell y, de paso, publicitaban el local en Avenida 3. Con los años llegaron otros aliados: los “canasteros” o “churreros”, los vendedores ambulantes en la playa. En la actualidad hay unos 60 que llegan desde varias provincias del país para hacer temporada. Con libreta sanitaria al día, el curso de manipulación de alimentos realizada y reglamentación de la municipalidad correspondiente, compran al por mayor y salen a repartir el producto cada día.

Los 11 locales actuales en la Costa Atlántica, Bahía Blanca y Capital Federal se reparten entre Hugo y Cacho -ambos casi octogenarios- y sus descendientes. Pronto llegará el número 12, en Caballito.

La historia de este negocio de más de medio siglo cambió este verano por las redes sociales. La cuenta de Twitter arrancó el verano con 6000 seguidores, unos 20.000 menos de los que tiene hoy. Con la llegada de las apps de delivery, la viralización se tradujo en ventas en los locales de Capital Federal, históricamente rezagados en comparación con otras sedes en la Costa Atlántica.

“En verano, en Capital es temporada baja porque hace calor, pero este verano tuvimos que empezar a contratar más gente, porque hubo muchísimo más trabajo de lo habitual”, resalta Navarro. El suyo es un negocio que se retiró de las tierras porteñas hace muchos años y volvió hace relativamente poco, en 2010.

En Capital Federal, el epicentro histórico de los churros es la fábrica El Sol de Galicia, fundada por inmigrantes españoles hace más de 70 años. En la segunda década de este siglo, las churrerías se aggionaron, se pusieron de moda y así nacieron locales como Juan Pedro Caballero, con su versión “palermitana” del producto.

El Topo está en el medio de esas dos: en Capital Federal no es ni parte de la nueva ola “cool” ni tan histórica, así que las redes le sirvieron para allanarse el camino en un mercado con competidores de dos bandos.

“Nosotros seguimos con las tradiciones, pero no escapamos a lo que la gente demanda. Hace 50 años lanzamos los churros con relleno salado, con roquefort, que siguen vigentes en la actualidad, y con el tiempo sumamos rellenos como la Nutella o la crema Oreo”, detalla Navarro. De todos modos, nueve de cada 10 unidades que se venden llevan el convencional dulce de leche.

Polémicas en Twitter

Más recientemente, El Topo lanzó un producto especial para los veganos con relleno de membrillo y anunció otra versión con dulce de almendras. Cuando recibió críticas en su cuenta de Twitter por subirse a la ola del veganismo, su community manager aclaró que el churro es un producto eminentemente vegano, porque solo lleva harina, agua, sal y aceite vegetal.

“Todo tienen que arruinar los veganos”, se quejó el usuario. “Que haya una opción relleno para veganos no te modifica la vida. No exageres, te lo pido por Dalma y Giannina”, le respondió la cuenta de El Topo.

También se viralizó un mensaje que otro usuario tomó de las reseñas de Google. Allí un cliente le espetó a El Topo que sus churreros parecían “de la Villa 31”. “¿Te referís a los canasteros? Son vendedores que vienen de Chaco, Salta, Jujuy, del Gran Buenos Aires. Sacan su permiso municipal, su libreta sanitaria y su curso de manipulación. Son gente de nuestro hermoso país, respetuosos, que vienen a ganar el mango”, le respondió la compañía en otro comentario, y agregó: “Lamento no tener modelos arios para que esté contento y te puedan atender en la playa”.

El community manager de El Topo también se peleó con el youtuber Lucas Lauriente, cuando dijo que le iba a dar un ACV por los churros rellenos de roquefort. “Hace 52 años que hacemos estos churros. Sabemos que a veces la soberbia juega una mala pasada y creemos que el mundo que existe es sólo el que vemos y nos gusta. Seguramente tendrás otras cualidades para hacer reír a los que te siguen sin insultarnos”, fue la respuesta de la cuenta.

La polémica llegó a programas de televisión de España, desde donde arribó la última batalla twittera. “Eso no es un churro”, dijo una usuaria española, y citó una foto de El Topo. Navarro le pidió que esté orgullosa de que los argentinos tomaron un producto y lo aggiornaron. “Vosotros cogieron de nosotros la patata, el maíz, el tabaco, el tomate, el chocolate, el oro, la plata y no nos quejamos tanto”, remató.

Diario: La Nación
Fecha: 13 de marzo de 2020